Esta batalla se inscribe dentro de la tercera campaña de la Guerra del Pacífico, conocida como la “Campaña de Tacna y Arica” (la primera fue la “Campaña Marítima”, luego de la cual vino la “Campaña de Tarapacá”). Dentro de esta coyuntura ya había tenido lugar el combate de Los Ángeles, seguido de la muerte del Ministro de Guerra en Campaña, Rafael Sotomayor. También no hacía mucho había tenido lugar un cambio en la persona que ocupaba el cargo de General en Jefe del Ejército de Operaciones del Norte, ya que el general Erasmo Escala fue reemplazado por el general Manuel Baquedano.
Esto último constituyó el desenlace de una serie de conflictos que enfrentaron al general Escala con sus coroneles, siendo la culminación de todo esto una serie de divergencias que sostuvo con el coronel Pedro Lagos, jefe del Estado Mayor General de la fuerza militar chilena que operaba en el norte. Algunos autores subrayan el carácter especial de Erasmo Escala, el cual ya no se amoldaría a las características que iba tomando la guerra en la segunda mitad del siglo XIX.La importancia de esta batalla en el contexto de la Guerra del Pacifico radica en que se trata de un punto de inflexión en el transcurso de este conflicto por los motivos que veremos. Primero, se puede afirmar que con este triunfo de parte de las fuerzas chilenas, se visualiza el hecho de que la guerra se va a ganar. Segundo, debido a la victoria chilena y aunque se mantuvo la alianza entre peruanos y bolivianos, estos últimos dejaron de aportar contingentes militares para las acciones siguientes, recayendo el esfuerzo de guerra exclusivamente sobre el Perú. Tercero, a partir de este triunfo, las autoridades chilenas comenzaron a cambiar el objetivo político de la guerra, ya que entendieron que esta conflagración sólo podría resolverse si las fuerzas nacionales alcanzaban el centro político de Perú, vale decir, su capital.
Una vez conquistadas las regiones peruanas de Moquegua, Tacna y Arica, prendió en Chile la idea de que el Perú no se resignaría ante la pérdida de sus territorios sureños y que la única forma de hacerlo desistir de sus propósitos bélicos era atacar y apoderarse de su capital, de forma que se le pudieran imponer negociaciones que dieran seguridad al Estado chileno respecto de su soberanía sobre la rica provincia de Tarapacá, como forma de resarcimiento de los gastos ocasionados al erario chileno por esta guerra. A pesar de conseguirse el objetivo descrito, la conquista de Lima no logró quebrantar la voluntad de lucha de las fuerzas peruanas, las que con persistencia se resistieron durante la “Campaña de la Sierra”, que en el Perú es conocida como “Campaña de la Breña”.





